2017-10-08

Cómo superar las limitaciones de nuestras creencias y susceptibilidades.

Maldita percepción (De susceptibilidades y creencias preconcebidas).

Por Diego Larrea Bucchi.

Management Participativo.

mirror_faces_01.jpg
Cómo superar las limitaciones de nuestras creencias y susceptibilidades

Somos nuestros propios directores de orquesta de nuestra sinfónica vida y llenamos sin darnos cuenta espacios plagados de susceptibilidades, donde muchas veces los mensajes son inconexos producto de creencias preconcebidas.


Y donde cobra una importancia de “res iudicata” (cosa juzgada) lo que “supongo de”, lo que “siento por”, lo que “creo de”, lo que “me han dicho sobre” o bien lo que “aparentemente...”, “seguramente...” “no lo sé exactamente pero…”, “tiene toda la pinta de...”, o “si lo han dicho fue por algo…”.

Las personas vivimos en dos mundos sistémicos.


El primero de ellos es el externo, vinculado a las relaciones que mantenemos con otras personas: en el aspecto laboral, familiar o con amigos, profesional, social, político, etc. En cada uno de ellos tenemos resultados positivos o negativos. Lo normal, la vida misma.

A veces mejor en uno aspecto y otras mejor en otros, pero sobre todas las cosas debemos ser conscientes de la forma en la que vivimos esos momentos, porque como decía el filósofo griego Heráclito: "Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos."

El segundo de los mundos, el sistémico interno, tiene que ver con las interacciones de nuestro mundo de creencias personales y en el cual hoy haremos nuestro principal foco de análisis.

Esas creencias son resultado de las experiencias del pasado, muchas de ellas vividas y otras traspasadas por generaciones o bien por personas cercanas que de alguna manera influyen sobre nosotros en nuestro día a día por distintas circunstancias y tienen su efecto en la realidad que construimos: “toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa” (principio de la metafísica).

Sin embargo, somos nosotros mismos los que creamos nuestras oportunidades, creamos nuestra propia realidad, con lo que tengamos en nuestras manos, no son los demás, somos nosotros. Son nuestras oportunidades frente a nuestras excusas, nuestras oportunidades frente a nuestros miedos, nuestras oportunidades frente a nuestros preconceptos. A partir de allí comenzamos a crear conjuntamente de manera externa nuestra relación e influencia con los otros.

Somos el resultado de interacciones y contradicciones de nuestro pasado, nuestra genética, de la influencia de nuestros ancestros, la sociedad en la que vivimos, la religión que practicamos, las enseñanzas en el colegio, la universidad, los puestos de trabajo, nuestros mentores, los amigos, los entornos sociales, o bien las “no oportunidades” a todo lo que anteriormente he citado, etc.

Las creencias y susceptibilidades en los grupos


Los equipos o las empresas también son el resultado sistémico de personas que llegan con todo su “paquete” de creencias, preconceptos y susceptibilidades, algunas irracionales y otras potenciadoras. De ahí que conectemos rápidamente con algunas personas y con otras nos resulte imposible.

Las susceptibilidades se despiertan con los primeros rayos de sol o con las peores lluvias de verano. Solemos culpar y victimizarnos con aquellas personas con las que nos es imposible relacionarnos de manera efectiva y nuestra actitud es más parecida a la reacción inmediata del erizo de mar y sus espinas como mecanismo de defensa que a la dulce mirada de la perra televisiva Lassie.

Con estas susceptibilidades, desde el principio de causa y efecto, creamos y co construimos una relación que no funciona. Y es entonces donde esas “creencias preconcebidas” comienzan a ejercer una “influencia tsunámica” capaz de arrasar con todo lo que encuentre a su paso o bien una “influencia abrillantadora” que hará relucir sin mediar explicación lo que eres o dejas de ser.

Para revertir esto es fundamental la disposición de ambas partes a:

  • Establecer como base de acuerdo que las percepciones tienes un gran margen de error cuando la hacemos desde la ignorancia ,
  • Abandonar la postura de “tener la razón”,
  • Creer que las experiencias siempre son únicas y de aprendizaje y no importa si, por ejemplo, el que me enseña tiene 20 años menos que yo y/o menos categoría que yo en mi trabajo, algo nuevo siempre podré descubrir, la “humildad del conocimiento” es una de las virtudes más relevantes de un buen líder,
  • Tomar conciencia de que lo que cada persona siente tiene menos que ver con quién es el otro y mucho más que ver con los sistemas emocionales, espirituales, mentales, corporales y energéticos internos, y con las creencias y temas no resueltos de la persona.

Miremos la realidad frente al espejo


No es tarea fácil sentarse a debatir con nuestras propias creencias, con nuestros preconceptos, y nuestros propios estereotipos, y más sobre todo si se relacionan directamente con decisiones que debamos tomar personalmente. Es un trabajo difícil, y vuelvo a reiterar un término: humildad. Sentarse frente a nuestro propio espejo reconociendo nuestras arrugas del carácter es un ejercicio que daña el ego pero que a la larga se convierte en Omega 3 para nuestro crecimiento personal/ profesional.

El mundo de creencias interactúa dentro de nosotros creando nuestros valores, motivaciones y estilo de personalidad, pasando a constituir los filtros desde los cuales percibimos, interpretamos y definimos la realidad, la nuestra y la ajena. De ahí la necesidad de observarnos a nosotros mismos. Enfrentarnos con valentía a ese espejo para analizar nuestras conductas y nuestros resultados.

El deseo de pertenecer o no pertenecer a un grupo o a una opinión colectiva más allá de lo que nosotros realmente creemos, no deberían hacernos “caer en la tentación” de volver a naufragar en nuestro mar de las contradictorias percepciones.

Somos los responsables de nuestras circunstancias


Nos excusamos, nos llenamos de teorías múltiples para defender nuestras susceptibilidades y son tan fuertes esas creencias que pasan a ser nuestras verdades sin que hayan pasado por el tamiz de nuestras convicciones. Abandonemos los “es que” como muletilla, y aunque contradiga a mi amigo Andrés Calamaro cuando escribió “porque el mundo me hizo así no puedo cambiar”, somos los únicos responsables de nuestras circunstancias.

Seamos el director/a de orquesta de nuestra sinfónica vida y llenémonos nuestros espacios plagados de certezas y conocimiento, sin tópicas improvisaciones de convivencia y conveniencia forzosa. Nuestros equipos, nuestra familia y nuestro entorno lo agradecerán, y sobre todo nuestra credibilidad y sentido de liderazgo dejarán de ser unas creencias preconcebidas para transformarse en una realidad.

Publicado por Diego Larrea Bucchi
viernes, 26 de septiembre de 2014

Diego Larrea Bucchi

Human Resources Manager
AB Comunicaciones ICEX-CECO (Dirección Ejecutiva de Formación de ICEX España Exportación e Inversiones)
Madrid y alrededores, España
Twitter: @larreadiego
Linkedin: es.linkedin.com/in/diegolarrea/

Licencia:
No especificada.

----------------------

Fuente: Management Participativo
Imagen: Mirror faces  

Del mismo autor:
Diego Larrea:

Artículos relacionados: